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Adam Yates golpea primero en un inicio de Tour empañado por el abandono de Mas

Adam Yates golpea primero en un inicio de Tour empañado por el abandono de Mas

Era el primer paso del Tour, pero francamente parecía uno de sus días decisivos: porque los dos gigantes, Tadej Pogacar y Jonas Vingaard, en la escalada al explosivo Pike Bidea, se acuchillaban desde el origen. Tras tal demostración de fuerza, el personal esperaba que alguno de estos ciclistas pletóricos, los hombres que lucharán otro año más por la general, se vistiera de amarillo en suelo español. Sin embargo, el siempre novelesco presenta Tenía un desenlace fraterno. Los últimos metros del Pike y su posterior bajada dejaron solo a Adam (UAE) y Simon (Jayco), los gemelos Yates. Fue el primero, el compañero del bicampeón Pogacar, el que alzó los puños triunfante ante la poca oposición de su hermano. El actual campeón del Tour de Romandía, en un día que solo fue empañado por el abandono de la principal esperanza española Enric Mas después de una fea caída, quien sonríe en el comienzo de un Tour augura precioso.

Bilbao recibió y presentó a la carrera francesa con la ilusión del pueblo que más amor siente por la bicicleta. El gentío inundaba las laderas de los pronunciados montes de Vizcaya, el verde de la geografía vasca teñía de belleza se ha iniciado con aroma de clásico y Pogacar, un prodigio que odia la especulación, decidió ser relevante desde el principio de la carrera.

El corto Pike se vislumbraba como una pared de dos kilómetros al 10% de pendiente, el esloveno arrancaba tras el fiel trabajo de Lafay y atrás quedaban los sueños de victoria de los ciclistas que se criaron por esas mismas carreteras como Pello Bilbao. Vingegaard, como en el espantoso de la edición pasada, no sucumbió ante la explosividad del balcanico, que al esprint sí cogió los cuatro segmentos de bonificación tras acabar en la tercera plaza. Dos de sus chicos en el podio; el UAE, como reconoció Marc Soler en línea de meta, tiene la confianza por las nubes.

Cruel adiós de Enric Mas

«Es el omoplato o escápula, no lo sé bien; pero no podía mover el brazo. Ha dicho que no podía seguir», decía Chente, el director de carrera del Movistar, tras el fin de la etapa en Bilbao. Enric Mas, cuyo infortunio en las bajadas fue el fruto de sus miedos en el Tour de Francia pasado, cruzó su camino con Richard Carapaz en una curva no demasiado enroscada en el descenso del Vivero. Ambos, excompañeros en el equipo telefónico, cayeron al arcén previo al bosque en un golpe horrible.

El ecuatoriano, con la rodilla inflada, ensangrentada, dirimió su continuidad en carrera durando minutos. De cuclillas, mientras su rostro denotaba únicamente dolor, el futuro del exganador del Giro parecía el abandono. A cambio, Carapaz sufrió una bicicleta nueva, convirtió un cuarto de caballos después de que los Yates en un ejercicio de puro estoicismo y las pruebas médicas decidirán si toma la salida este domingo desde Vitoria.

La otra, cruel, cara de la moneda ya sin Tour a Enric Mas. Mientras el equipo médico examinó el brazo derecho y Chente encontró amparo en sus palabras, el mallorquín, con la mirada perdida en punto fijo, ya conocía su destino. «No tenemos plan b, estamos centrados con Enric. Qué mala suerte, aún no lo creo», decía su gregario Guerreiro al micrófono de Alberto Contador en plena llegada.

El adiós de Mas destroza los aviones de los de Eusebio Unzué. Sin opciones reales de luchar ya el podio, la esperanza navarra pasa por el talento del norteamericano Matteo Jorgenson, quien podría regalarles un tiunfo de etapa realmente sanador.

Por Samuel Suarez

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