Algunas reflexiones preventivas sobre la violencia de género

Esta pandemia ha sacado a la luz situaciones sociales a las que, en general, no prestamos mucha atención. Además de la violencia en las calles, otro tipo de violencia se está desatando en un entorno muy íntimo, que solíamos considerar relajante, desintoxicante, seguro y pacífico: el hogar.

El tipo de violencia al que me refiero es de género. Son muchas las razones por las que se dispara y solo hay tres variantes claras, aun así, no olvidemos nunca esto: es un delito y como tal debe y tiene que ser sancionado por la ley.

El hecho de que no exista certeza de un castigo constante, acorde con los hechos, ha provocado que en muchos casos este tipo de delito llegue a su punto más extremo, la muerte.

Cuántas víctimas, especialmente en Panamá, han muerto con la papeleta de retiro en la mano, porque la justicia simplemente no respondió a todas las llamadas de advertencia como se debía hacer.

La violencia de género puede presentarse de tres formas: psicológica, verbal y física, siendo en el 90% de los casos el orden cronológico exacto en que ocurre.

El agresor puede iniciar el ataque psicológicamente, mucho antes de levantar la mano, sin embargo, en cualquiera de las tres etapas, existen signos claros que pueden ayudar a la víctima a reconocerlos y sobre todo a prevenirlos.

No son solo los golpes los que duelen. A veces, las palabras o los gestos pueden causar un daño profundo e irreparable. Tanto el lenguaje violento verbal como el no verbal hieren y dañan las relaciones; una vez que se pronuncian o se dan, la relación de pareja nunca volverá a ser la misma. Y recuerde esto, amigo lector: cuando se cruza la línea (no tan fina) del autocontrol y aparece la violencia física, la escala de los acontecimientos tiende a aumentar y no hay vuelta atrás.

Las víctimas normalmente son conscientes de la agresión física, sin embargo, este no es el caso cuando se trata de tono de voz, palabras utilizadas, expresiones o gestos de disgusto, enfado y desprecio (una tríada muy peligrosa que siempre presenta un agresor).

Tampoco son conscientes de la limitación que se produce en su espacio personal, el control de su vida social, las miradas, la indiferencia y los silencios. Recuerda: todo, absolutamente todo da señales de alerta antes de llegar al abuso físico.

La expresión verbal del atacante está hiperbolizada, es decir, comunica sus sentimientos de forma poco realista y teatral. No sienten la emoción primaria del enfado, experimentan furor y rabia, los llevan al máximo poder, es puro instinto animal y no hay racionalización de las emociones, no saben cómo manejarlas y como no tienen esta capacidad, también tienen problemas para entenderlos en otros. Por eso tienen tanta dificultad para empatizar.

Eligen la forma más extrema de expresar lo que sienten, su objetivo no es transmitir sus emociones, sino violar a la pareja. Al no lograr el efecto deseado, ya que estos pesos generan lo contrario de lo que buscan, en lugar de llamar la atención o impresionar (al principio lo hacen), terminan desensibilizándose, lo que genera aún más frustración en ellos y aumentan su escala de violencia, que incluso puede llegar a los niños.

Los agresores también utilizan un discurso repetitivo, repiten hasta la saciedad las mismas frases para estigmatizar al otro y marcar su realidad: «Ya no me quieres y por eso no haces lo que te pido», «Si me dejas , No quiero vivir ”,“ lo hago porque te amo ”,“ no me entiendes ”,“ lo hago por tu bien ”, es una forma de manipulación.

El perfil de comportamiento de los agresores

Suelen ser personas con muy baja autoestima que intentan por todos los medios rebajar la de su pareja y aislarla.

Son posesivos, temerarios, agresivos, envidiosos, astutos manipuladores, apáticos y poco detallistas, suelen practicar deportes de contacto o en la mayoría de los casos les gustan las películas y la música con letras violentas que invitan a la sumisión o degradación de la pareja; pueden consumir grandes cantidades de pornografía, ser adictos a drogas legales o ilícitas. A través de su forma de hablar, a menudo utilizan la ironía para crear ambigüedad en lo que hacen y dicen, o mantienen poca o ninguna comunicación.

Con su lenguaje corporal intimidan a través de amenazas gestuales acompañadas de gritos que responden al perfil del estilo comunicativo de una persona agresiva. Pero en cuanto golpean e insultan, se abrazan, lloran y piden perdón.

Y eso es lo peor. Los expertos llaman a esto refuerzo intermitente o incongruente, ya que combinan las agresiones con gestos de «amor», «gratificantes» o «tranquilizadores» y todo, pensaba maquiavélico y conscientemente para prolongar la tortura.

Finalmente, en este tipo de agresores se presenta una manipulación muy típica y silenciosa, y es «hacer que el gas sea ligero». Esta estrategia consiste en hacer que la víctima dude de sus propios sentidos y de su razón dando información falsa como si fuera cierta, negando la realidad: «Nunca te empujé, solo te estaba sujetando para calmarte», «Nunca he dijo que «,» ¿realmente no recuerdas que empezaste todo esto? «

Es capaz de afirmar que las cosas pasaron o no pasaron con tanta firmeza que son creíbles y la víctima empieza a pensar: “Yo soy el que está exagerando”.

Recuerda: el amor verdadero no humilla, no golpea ni hiere, no provoca ansiedad, terror, miedo o histeria, no acosa ni degrada y no te hace perder la cordura. El amor debe ser calma, libertad, equilibrio y un refugio seguro … Por favor, rompa el silencio si es víctima de violencia de género, y denúncielo.

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