La llorona del 25 de agosto de 2021

Durante la campaña en Perú, Bolívar persiste en enfatizar la necesidad de miles de herraduras dado que tenía buenos caballos, pero la falta de herrajes los exponía a piernas débiles.

«La movilización [que desembocaría en la batalla de Junín] comenzó a principios de julio de 1824. Los batallones peruanos llegaron sucesivamente a Ambo, San Rafael y Huariaca, para finalmente llegar al Cerro de Pasco. José Antonio de Sucre, que había llegado a Margos, al mando de los batallones colombianos, continuó hacia Caina. Los batallones Rifles y Vencedor que habían llegado a Baños, continuaron hasta Cerro de Pasco a fines de julio, para unirse al Libertador y miembros de su Estado Mayor en esta ciudad, quienes debían llegar en esos días. A su llegada a la ciudad, se hospedó en casa del patriota Cesáreo Sánchez […]»(Rivera, 1974).

Para 1821, la ración diaria de las tropas bolivarianas en la ‘campaña del sur’ como se conocía a la expedición al actual Ecuador y Perú, consistía en una libra y media de carne, 4 onzas de arroz, seis u ocho bananas para el clases y soldados (Acosta Saignes, 2009 citado por Trujillo, 2017). Raciones a las que se agregaron los frijoles y papas típicos del altiplano peruano. Esto significó un uso intensivo de ganado para un ejército patriota de 10,000 hombres. Los «[…] La caza y confiscación de ganado fue el elemento económico fundamental de las guerras de Independencia […] de 1813 a 1821 ”(Trujillo, 2017). No todo ese ganado era para consumo, el historiador y agrónomo Córdova (1962) señala que los animales fueron intercambiados por suministros y armas a agentes ingleses radicados en el país.

En las órdenes dictadas en Perú el 12 de febrero de 1824 al General José De La Mar -más tarde Mariscal-, Bolívar describe la dotación de animales en su cuerpo de infantería, lo que, sumado a los requerimientos de la caballería, da evidencia de las necesidades de las mulas. y caballos que tenía su ejército (Expediente del Libertador, Documento 8884, y en “Colección de Leyes, Decretos y Órdenes Publicadas en el Perú desde su Independencia en 1821 hasta el año 1830. Tomo 2, 1832). Dos semanas después, desde Trujillo (Perú) el 8 de marzo de 1824, el Libertador, deseando reunir todos los elementos necesarios para abrir una campaña que tendría como hechos memorables las batallas de Junín (agosto) y Ayacucho (diciembre), ordena el Coronel. Manuel Torres Valdivia, comandante general de la Provincia de Lambayeque, recogió quinientos buenos caballos y quinientas mulas en toda esa Provincia y los puso en pastos seguros, bajo la responsabilidad de hombres honestos, inteligentes y aptos para el cuidado de las bestias (Expediente de el Libertador, doc.9031). El oficial encargado de transportar este importante suministro para fortalecer la caballería patriota fue el panameño José Antonio Miró Rubini.

Durante la campaña en Perú, Bolívar persiste en enfatizar la necesidad de miles de herraduras dado que tenía buenos caballos, pero la falta de herrajes los exponía a piernas débiles (Expediente del Libertador, Doc. 8302). Desde el 20 de octubre de 1823, el Libertador había recomendado a uno de sus comandantes de artillería en su campamento de Huariaca el uso del hierro vizcaíno para hacer herraduras y sus clavos (Expediente del Libertador, Doc. 8040 y 8556, citado por Trujillo, 2017).

El 9 de marzo de 1824, el Libertador envió 400 o 500 juegos completos de herraduras al regimiento al mando del coronel José Laurencio Silva y ordenó que se utilizaran lo antes posible (Expediente del Libertador, Doc. 9531). El Libertador tiene una preocupación bien fundada de enfrentarse al enemigo sin caballería. Miró Rubini vuelve a entrar en escena, quien logra equipar con caballos al entonces «Escuadrón Auxiliar de Caballería de Ica», destacamento emblemático -por ser el primero en ser creado en tierras peruanas en octubre de 1820- integrado por 96 caballeros negros voluntarios. Posteriormente se incorporó a la Legión Peruana de la Guardia (Vásquez, 2015) donde su nombre fue cambiado a «Escuadrón de Granaderos a Caballo del Perú». Cuando Miró Rubini se puso en contacto con ellos, tenían fama de valientes y la unidad había sido reasignada al teatro de operaciones del altiplano central -desde junio de 1822- y en esa condición participarían en los enfrentamientos que se producirían en los Andes peruanos (Rivera, 1974).

El aporte de los pueblos de la costa norte y el altiplano central peruano no fue solo en hombres capaces de ofrecer su vida por la independencia, sino también en dinero y provisiones (Adanaqué, 2010). Miró Rubini obtuvo los caballos utilizados por los escuadrones que participaron en la batalla de Junín. La información sobre los animales, su calidad, cuidados y su uso durante la guerra de independencia abre una nueva línea de investigación en un contexto logístico donde, sin restar valor a la acción de los comandantes en la batalla, la comprensión del medio ambiente y la sociedad facilitará la comprensión de el comportamiento colectivo sobre los sacrificios que suponía el ideal libertario.

Embajador de Perú en Panamá

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