Una ópera tan popular como ‘tosca’ es ovacionada cuando cae el telón porque el público se identifica con el drama y se encanta con la magistral partitura de Puccini. Por eso es una novedad despedirla con algunos abucheos: esto es lo que ha pasado en su regreso al Licenciaque sufrió la 192ª vez al escenario de La Rambla en una visión tan renovada como controvertida. Ya se sabe, el género lírico demande de una preparación previa para disfrutar del espectáculo y para reflexionar en torno a la propuesta, y las actualizaciones habituales que intenten acercar al público de hoy obras concebidas hace un par de siglos evitan que el género se convierta en a espacio museístico.
Pero la vista del asesino no siempre funciona. Esto sucede con la nueva ‘Tosca’ liceísta en la visión del director sevillano Rafael R. Villalobos, en el cual los personajes de Puccini comparten escenario con un grupo de allegados que tejen un subtexto paralelo que no acaba de encajar. El ‘regista’ presenta al escritor y director de cine Pier Paolo Pasolini hay parte de su imaginación en un juego de esperanzas que correlaciona la persecución política que basta en la ficción el pintor Cavaradossi -amante de Tosca- y la que apoyó al artista italiano asesinado en 1975, de la que inserta fogonazos de su vida. Hay referencias a su infancia, a su relación con Maria Callasa su última película –’Saló o los 120 días de Sodoma’– ya su última y fatal league, intelligible details solo para quiénes fueron al teatro con los deberes hechos.
La mezcolanza resultó indigesta para algunos, tal como quedó de manifiesto al comienzo del segundo acto, cuando parte del público protestó por una escena a carga de Pasolini y su asesino que no un rechazo que en el Liceu no se veía desde el ‘Ballo in maschera’ de Calixto Bieito (2000). Aun así, en la sobresalen producción de las impresionantes pinturas de Santiago Ydáñez, la tan esquemática como utilitaria escenografía de Emmanuele Sinisi (a pesar de ser acústicamente complicada) y mil detalles de actuación opacados por la fijación con Pasolini.
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Leyendo la suite de Henrik Nánási contigona Simfònica liceísta ágil y de generoso sonido, mientras el coro, siempre interno, erró en sus entradas. El trabajo del maestro con los solistas fue el adecuado, aunque ahogó a Tosca en momentos clave del segundo acto. La pareja protagonista, la soprano italiana Maria Agresta y el tenor estadounidense Michael Fabiano, ya habían coincidido en este título en el Teatro Real de Madrid en julio de 2021, ya ambos se les vio compenetrados y con buena química; ella, en todos los casos, mostrará siempre apurada, como pretendiendo acentuar la pasión con su proyección discreta, con ciertos graves entubados y rematando su aria con problemas evidentes. Un Fabiano concentrado, expresivo y confortable el sacó partido tiene un timbre solar (que recuerda a Carreras) con un fraseo de ensueño.
El Scarpia de Zeljko Lucic, en cambio, no aterrorizado el ambiente con su canto de señor mayor, grey, desafinado por momentos y nada elegante. Entre los comprimarios destacan el sobrado Sciarrone de Manel Esteve y el timbrado Sacristán de Jonathan Lemalu.
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