La llorona del 25 de agosto de 2021

«La situación en Afganistán abre nuevas fuentes de tensión entre Estados Unidos y China en el Estrecho de Malaca y las regiones del Indo-Pacífico y en el Mar de China Meridional».

Para comprender la dimensión de la derrota militar de los Estados Unidos (EE. UU.) Y los poderes de Europa por parte de los talibanes en Afganistán, es necesario examinar la ubicación geográfica del territorio afgano entre el centro y el sur de Asia. Un territorio clave para el control de Asia, ubicado en la encrucijada más estratégica de las rutas de acceso de China e India a las riquezas de los territorios que bordean los mares Negro y Caspio. Es la bisagra entre las potencias nucleares de India, Pakistán y China, y por supuesto, preponderante para el paso de las rutas de los oleoductos y gasoductos desde las grandes fuentes de energía de Irán, Uzbekistán, Turkmenistán hacia China e India. Además, un paso importante para el desarrollo del comercio de la nueva ruta de la seda, que integra el mercado chino con los del resto de Asia y Europa.

También trascendental para las salidas de Kazajstán, Uzbekistán, Turkmenistán al Océano Índico y vital para los intereses estratégicos de China, Rusia, Irán e India. Debido a este mosaico de aspectos estratégicos, el control del territorio afgano ha sido codiciado por todos los imperios y potencias desde antes de la era cristiana y sigue siendo clave en el tablero del nuevo orden mundial.

La derrota de Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Francia, España y aliados como India, Arabia Saudí e Israel, marca un nuevo escenario en la política internacional. Por un lado, una clara señal del declive del poder de Estados Unidos y las potencias europeas de la OTAN, cuyas tropas abandonaron el territorio afgano con el rabo entre las piernas. Por otro lado, la victoria de los talibanes y su regreso al poder fortalecen aún más el ascenso de las potencias de China y Rusia dentro y fuera de Asia, las dos potencias que disputan el dominio del mundo desde Estados Unidos.

La derrota de EE. UU. Y sus aliados genera nuevos escenarios en el gran juego por el control del mundo. En consecuencia, la «ayuda» anunciada por las potencias europeas a Afganistán es una ayuda envenenada, ya que no estará dirigida a estabilizar el país, sino a buscar la defensa de intereses estratégicos fomentando grupos de resistencia fundamentalistas islámicos.

EE.UU. y sus aliados moverán sus piezas para generar inestabilidad política, tanto en Afganistán como en el resto de Asia Central, para afectar los intereses estratégicos del eje de China, Rusia e Irán. Sus apuestas políticas estarán encaminadas a evitar que los chinos, rusos e iraníes desarrollen las políticas energéticas de los gasoductos y oleoductos y consolidar los proyectos de la nueva ruta de la seda en Asia.

No se debe olvidar que la CIA y el Pentágono financian organizaciones fundamentalistas islámicas para defender sus políticas colonialistas en Asia. Utilizarán sanciones y congelaciones de fondos contra el gobierno talibán como mecanismo de presión para defender sus intereses estratégicos.

El regreso de los talibanes al poder estará marcado por otros tres escenarios que serán vitales en los próximos años. El primero, Afganistán, como primer productor mundial de heroína, seguirá jugando un papel decisivo en el mercado de las drogas ilícitas, un negocio controlado por fuerzas aliadas de la CIA y el Pentágono, cuyas ganancias han sido clave para fortalecer los intereses estadounidenses. en Asia y predominante durante los 20 años de ocupación. Por lo tanto, lo más probable es que ahora utilicen las ganancias de este nefasto negocio para generar más caos con financiamiento de grupos tribales del extremismo islámico. El segundo aspecto es que cuenta con las principales reservas de litio del mundo y un gran porcentaje de la riqueza de tierras raras en Asia, dos recursos clave para el dominio de las nuevas tecnologías en el mundo. Amén a las riquezas del cobre, el hierro y el mercurio. Riquezas que desatarán una vez más la lucha imperial a la cabeza de los estadounidenses.

En conclusión: se avecina un panorama político complejo para el Gobierno de los talibanes en Afganistán y otros juegos de intereses imperialistas que pondrán en peligro la frágil estabilidad en Oriente Medio y Asia Central. La situación en Afganistán abre nuevas fuentes de tensión entre Estados Unidos y China en el Estrecho de Malaca y las regiones del Indo-Pacífico y en el Mar de China Meridional.

Periodista colombiana.

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