Panamá, en medio de un sistema-mundo capitalista en contracción

El 23 de abril de 2020, el sociólogo Marco A. Gandásegui (hijo), explicó que el capitalismo es una relación social como el capital y que esta relación siempre ha existido, no siempre fue dominante. No fue hasta el siglo XVI, con los viajes de Colón, que empezó a consolidarse en algunas ciudades europeas. Esto se debió a la extracción de metales preciosos en América. El inmenso capital que acumularon, originariamente del trabajo esclavo, permitió a los capitalistas invertir en nuevos negocios durante el siglo XVII.

Este proceso que impactó a África como una cantera de mano de obra esclava, a nuestra América como proveedora de materias primas y a Europa como una nueva identidad geocultural dominante, se extendió para cubrir todo el mundo como un nuevo sistema mundial después de los últimos 500 años.

Dentro de esta reconfiguración “post-Colón”, el mundo se estructuraría en dos polos: por un lado, el centro dominante, y el otro, la periferia.

El primer polo es capaz de generar nuevas áreas de producción -tecnología- mientras que el segundo se encuentra en condiciones de subordinación en todos los ámbitos, principalmente en los productivos. Una vieja dinámica que, con el surgimiento de China en las últimas décadas como nuevo polo central, ha comenzado a debilitarse.

El ascenso del gigante asiático podría cambiar la configuración del mundo conocido, pero no implica necesariamente la superación del capitalismo y sus contradicciones; nada indica lo contrario tampoco.

Por ahora, todo parece indicar que el capitalismo seguirá impulsado por su capacidad de acumulación. Ni sus crisis inherentes, ni el covid-19 son capaces de liquidarlo.

Al respecto, apuntó Gandásegui, el capitalismo sólo puede desaparecer “cuando se disuelven las relaciones sociales que lo sustentan. Es decir, cuando las luchas de los trabajadores y sus salarios no permitan que los capitalistas se acumulen ”.

Los contratos del sistema mundial

Dentro de la crisis sostenible en la que se encuentra el capitalismo, su sistema-mundo puede cambiar sus formas conocidas, incluso más si el desplazamiento del centro del mundo de la cuenca del Atlántico Norte a la cuenca del Pacífico ocurre realmente.

El investigador boliviano Álvaro García Linera, en el ‘Curso Internacional Estado, Política y Democracia en América Latina’, señaló cuatro informaciones que dan señales de la pérdida de globalidad del sistema-mundo capitalista.

El primero de los datos es que el comercio, la base del sistema mundial capitalista, se ha reducido, según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

El segundo dato es «que los flujos de capital transfronterizos, que entre 1989 y 2007 habían crecido del 5% al ​​20% con respecto al PIB mundial, cayeron a una tasa inferior al 5% entre 2009 y hoy».

El tercero es la salida de Inglaterra de la comunidad europea, lo que frena la capacidad de expansión del capital occidental.

Lo anterior, junto con la repatriación de capitales norteamericanos a sus fronteras, principalmente las ubicadas en China, y el reagrupamiento de cadenas de valor esenciales -como ha ocurrido durante la pandemia-, apuntan a la globalidad del sistema-mundo capitalista-inaugurado por Colón- comienza a contraerse.

Sin embargo, Gandásegui, muy atento al proyecto de Trump y la burguesía industrial norteamericana, explica que la repatriación de capitales no es tarea fácil.

Los trabajadores estadounidenses desempleados, cuyos sindicatos fueron destruidos, serán un obstáculo para ese fin. Difícilmente estarán sujetos a las condiciones laborales presentes en China o en cualquier otro lugar de la periferia donde se instalaron los complejos industriales.

El cuarto dato destacable que muestra la tendencia de contracción son las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), en las que pide extender el vencimiento de la deuda pública.

Según un informe de la agencia, también sugieren aumentar los impuestos progresivos a los más ricos, modificar la tributación de las empresas para asegurarse de que paguen impuestos, aplicar impuestos internacionales a la economía digital y un apoyo prolongado a los ingresos de los trabajadores. personas desplazadas y aumento de la inversión pública.

Las razones

La contracción del sistema capitalista, en términos de García Linera, es el miedo de las clases dominantes a los estallidos sociales y la pérdida paulatina de la hegemonía de la agenda global-neoliberal.

Esto último entendido principalmente como una pérdida de hegemonía de los Estados Unidos de América. Ambas relacionadas y una hipótesis también compartida por las obras de Gandásegui.

La teoría neoliberal ha perdido su capacidad de conspirar poblaciones. Ante el covid-19, se ha quedado desnudo y los Estados han salido de la prisión en la que estaban -desde los años ochenta del siglo pasado- para dar respuestas-malas o buenas- fuera de ese esquema. Sin embargo, esta debacle de la agenda global neoliberal trae consigo manifestaciones, de ella, en formas autoritarias, antifeministas, racistas, xenófobas y fascistas. Es su bando en resistencia.

La brújula

Dada la incertidumbre generalizada de la contracción de la agenda global, con emergencias ambientales como el deshielo irremediable de los glaciares polares, sumado al surgimiento de China con su ruta de la seda -una agenda global en otra dirección-, ambos escenarios podrían en un futuro cercano. El futuro hará perder la importancia de la ruta de Panamá.

Por esta razón, lo más sensato es pensar en un proyecto nacional que pueda abordar estos desafíos y no sostener una economía de tránsito dependiente y al servicio de la economía global.

La historia nos muestra las experiencias vividas en el istmo entre la desaparición de las ferias de Portobelo y la construcción del ferrocarril Transistmo. Aprendes del pasado.

Este posible proyecto alternativo debe ser el propuesto por el filósofo panameño Abdiel Rodríguez Reyes, «feminista, interculturalista, ambientalista, sindicalista de clase», al menos sobre la base de un nuevo consenso social.

Su contenido debe ser «en última instancia la vida», por lo tanto, la naturaleza debe ser central en este nuevo pacto. La vida no se puede afirmar sin ella.

De hecho, la especie humana está biológicamente condicionada para convivir con ella, pero no en los términos actuales que el capitalismo ha impuesto y sostenido. El futuro es incierto, pero se construye en el presente y, como señala Rodríguez, es preferible y necesario construir nuevos horizontes para orientar la tarea en su marcha.

El autor es sociólogo y profesor de la Universidad de Panamá.

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