El primer vuelo chárter para impulsar el

«[…] ciertamente se puede aprender todo este tipo de detalles formales en un buen taller, […]; pero el talento no se puede fabricar: es innato. Lo que Natura no proporciona, Salamanca no lo proporciona, dice un viejo refrán «

Cada vez que desee escribir una historia, piense detenidamente en los siguientes aspectos a considerar antes de comenzar el proceso de escritura:

El tema específico sobre el que se tratará la historia.

Las características generales o específicas que pudieran tener los personajes principales.

Tendrás que contar la atmósfera que podría ser típica de la historia.

La forma en que, en principio, le gustaría contar la historia (técnicas o procedimientos narrativos: narrador o narradores; tono del lenguaje; manejo del tiempo y del espacio; estilo general de escritura).

La inserción de determinadas anécdotas reales o imaginarias dentro de la historia y el orden en que podrían aparecer, lo que implica una adecuada gestión del tiempo.

Todos estos elementos, en conjunto, son los que en un momento dado nos permiten articular lo que se ha venido a llamar la “trama”. Visto así, esto no es más que la cuidadosa elaboración de las secuencias narrativas, la forma de presentarlas y la relación conceptual y temporal entre ellas. Todo lo cual, en su conjunto, permite al lector percibir la “cosmovisión” del autor, y convencerse de si tiene o no la “madera” como creador de ficciones.

Si se trata de una historia, la extrema capacidad de concentración de los elementos del texto suele contribuir a su enriquecimiento artístico. Quizás porque es difícil adquirir méritos teniendo en cuenta la complejidad de la experiencia humana, materia prima de la buena literatura. Y, sin embargo, sabemos que hay narradores especialmente dotados que nacen con este don especial.

En términos generales, estas recomendaciones se aplican tanto a quienes planifican sus historias mucho antes de ponerlas por escrito (la mayoría de los escritores), como a quienes tienden a improvisar a partir de un primer párrafo, o de todo un párrafo, y en adelante, por asociación de ideas, crean secuencias narrativas, dejándose llevar por una especie de “escritura automática” que les permite articular una historia. El contenido de estas sugerencias implica la suma de ciertos principios básicos de la creación de ficción, que todo escritor debe tener en cuenta.

En el primer caso, el creador se confía a su imaginación, pero sobre todo a su buena memoria, ya que entonces tendrá que recordar lo planeado para transcribirlo con la mayor fidelidad posible (aunque siempre habrá cambios sobre la marcha mientras se se está escribiendo). En el segundo, la escritura automática es posible porque en esa primera oración (o párrafo) siempre hay palabras clave -anuncia y verbos, sobre todo-, que dan lugar a otras palabras que a su vez conforman oraciones significativas a medida que avanza la secuencia.

Debe entenderse que el poder de sugestión de ciertas palabras o combinaciones de palabras siempre ha sido un poderoso detonador de significados posteriores. Sin embargo, este tipo de escritura no es tan automático como podría parecer en un principio, ya que implica, consciente o inconscientemente, recurrir a experiencias previas, reales o imaginarias, que de alguna manera emergen de forma fragmentada y sin causa aparente. en el proceso de creación; En realidad, nunca se empieza de cero: siempre hay una experiencia oculta detrás de la elección de las palabras.

Personalmente, así es como he escrito la mayoría de mis cuentos y poemas y, hasta cierto punto, incluso muchos de mis ensayos. Como he conocido mi mala memoria desde muy joven (hecho casi endémico para el que no encuentro explicación), precisamente para compensarlo me sumerjo en ese oasis reconfortante que es siempre la imaginación, y le doy una carta. de legalidad, asimilándola lo mejor posible a una realidad más. genuino que puede ser aceptable para otras personas.

Y es que, obviamente, toda fantasía debe parecer real para ser creíble. Esto es algo elemental. Conseguirlo es, por supuesto, una cuestión de talento, pero también de una dilatada experiencia literaria. Y es necesario -algo ineludible- que el escritor sea el primero en convencerse de la realidad de sus pasajes inventados si el fenómeno de la credibilidad -lo que se suele llamar «verosimilitud» – tiene que repetirse en el lector como un hecho natural e inevitable. .

Por supuesto, hay muchos temas y técnicas narrativas. Pero a la hora de imprimir una historia el punto de vista particular de un personaje según su personalidad, o el del propio autor disfrazado de narrador omnisciente que lo sabe todo y hasta puede meterse en la mente y las emociones de sus personajes, se estará inclinando por la percepción del lector de una determinada manera y no de otra.

Por último, ciertamente se pueden aprender todos estos detalles formales en un buen taller, con una buena guía y mucha disciplina; pero el talento no se puede fabricar: es innato. Lo que Natura no proporciona, Salamanca no lo proporciona, dice un viejo refrán.

Narrador, poeta, ensayista, promotor cultural.

Por admin

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